Jim Sheridan fue un gran director. Por lo menos dirigió buenas películas allá por los 90. «En el nombre del padre» y «The boxer» fueron dos buenas muescas en un revólver que estaba llamado a ser uno de los referentes del cine europeo y una luz que seguir si de cine de contenido social hablamos.
Había tenido un debut muy interesante con «Mi pie izquierdo», que le supuso estar en una posición estelar cuando esta película fue nominada a los Oscar en cinco categorías y recogió dos. Después vendría «El prado», en la que Richard Harris recibió el honor de ser nominado también a los Oscar, en otra muestra de cine comprometido y con marcado aroma social.
Tras las mencionadas «En el nombre del padre» y «The boxer» dirigió «En América», donde retrata la vida (quizá autobiográfica) de una familia irlandesa inmigrante en Estados Unidos en la década de los 80, «Get rich or dye tryin'» y hasta hoy.
Y hoy toca hablar de «Detrás de las paredes», una película que supone un giro casi copernicano en su filmografía pues se trata de una propuesta tipo thriller psicológico más en la lñinea de «El resplandor» que de sus anteriores films y para la que ha contado con la participaciñon de Daniel Craig, en un papel muy alejado de James Bond, Naomi Watts («King Kong») y Eachel Weisz («Ágora»). En ella conoceremos a Will Atenton (Daniel Craig), un editor de éxito que abandona un gran puesto de trabajo en Manhattan para mudarse con su esposa Libby (Rachel Weisz) y sus dos hijas a una pintoresca localidad de Nueva Inglaterra. Sin embargo, pronto descubren que su nuevo hogar tiene algunos fantasmas: la casa idílica a la que se han mudado fue, antaño, el escenario de un crimen terrible en el que una madre y sus hijos fueron asesinados. Todos los habitantes de la ciudad creen que el culpable fue el único superviviente de la matanza, el marido. Will, con la ayuda de Ann Paterson (Naomi Watts), una vecina amiga de la familia asesinada, decide investigar por su cuenta.
La película dibuja una línea que Sheridan no es capaz de traspasar: la del riesgo controlado y la magia de lo desconocido. La crítica ha sido poco generosa con ella y habla de argumento previsible, soluciones anunciadas y actuaciones no muy vividas, lo cual, viniendo de un director tan vital como Sheridan, sorprende. Sin embargo, no deja de ser un relato que agita la inquietud del espectador, apoyándose en una atmósfera bipolar en la que navega, con solvencia de obrero de la imagen, la historia de estas muertes irresolutas y el final desahogado en las que los personajes evitan la zozobra emocional arañándole la vida a la muerte.
Me queda el mar by Juan Antonio Pérez Bello is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional License.

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