jueves, 1 de noviembre de 2018

Perder el viento

   Andrés era moreno. Creció en aquella casa grande, pobre y humillada, vaciada por la desgracia y la huida de un padre que no supo querer lo más amado ni pudo defender lo más preciado. Ahogado por la oscura desesperanza de quien no ha visto la luz de la justicia, mostró un agreste desacuerdo con su destino y rompió la frágil caricia que le unía a su mujer, la de los labios perfilados en medio de aquella llanura inacabada. 

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