lunes, 16 de diciembre de 2019

Voy a abrir esa noche que escribiste en tu espalda

   Voy a abrir esa noche que escribiste en tu espalda. Tuvo la culpa el olor del agua de un río que anudé a cada momento que vivimos para crecernos, cuando éramos niños que empujaban a la vida. Aquella mañana crucé la vía que partía en dos el alma de mi barrio. Lo hice para saber qué había al otro lado de las traviesas, para encontrar el perfume de una niña que me agitaba el corazón cada vez que me miraba. Vivía al final de la cuesta, en una de esas calles de Oliver que morían, todas y cada una, en el pasillo del ferrocarril que nacía en la estación del Norte. Y mi afán era espiarla, verla salir de su casa y sospechar que no era nadie para ella, aunque ella lo era todo para mí. Luego, cuando giraba su cara pecotosa y encontraba mis ojos curiosos y huérfanos, me sonreía, para romper el sendero que unía mi amor por ella con un simple encuentro.

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