Excmo. Sr. Alcalde, autoridades, corporación municipal, comisión de fiestas y amigos, vecinos y visitantes de La Mata: buenas noches a todos.
Buenas noches a este querido pueblo de La Mata de los Olmos y gracias, Comisión de Fiestas, por haber pensado que quien os habla podía ser la voz que llamase a la fiesta, al encuentro y a la amistad.
“A lo largo de mi vida he tenido la oportunidad de dirigirme a mis compañeros y a mis conciudadanos en muchas ocasiones. Sin embargo, ninguna tan especial como la que hoy vivimos”. Son palabras sentidas para ser pronunciadas en un pregón de fiestas por alguien emocionado y honrado que con esfuerzo mantiene el gesto sereno ante semejante honor: ser el pregonero de un pueblo que le acogió en su momento como a un vecino más y que le llama ahora a una de las tareas más dignificantes que un ciudadano puede asumir.
Fue el primer día de septiembre de 1962, cuando pisé y conocí por primera vez esta hermosa, culta y agradecida localidad de La Mata, en la que pasé 5 años de los más preciosos años de mi vida; años cargados de ilusiones, de infinitas ganas de hacer o trabajar, de descubrir, de entregarte, en definitiva, por y para la profesión más bonita que pueda existir (eso sí, si se tiene vocación) que es la de Magisterio. Tarea no siempre fácil, pero si en cambio lo fue siempre para en este querido pueblo, dada la gran ansia por saber y aprender más y más que siempre ha caracterizado a sus habitantes de todas las edades.
Tras esta breve introducción, voy a iniciar mi andadura por estos lares paso a paso, para entre otras cosas recordar mi agradable estancia así como algunas de mis vivencias más curiosas.
Nada más descender del autobús fui recibido por una señora, que sin duda alguna ya tenía antecedentes míos y sabía también de mi llegada. Su cariño y amabilidad, características propias de todos y cada uno de vosotros, se dejaron ver desde el primer momento.
Fui invitado y llevado a su casa donde compartí con toda su familia mi primera comida en La Mata; recibí por lo tanto el primer alimento corporal, pero no me faltaron otros a base de sabios consejos, por cierto, muy oportunos para la época en que vivíamos, y de los que extraigo este como más curioso.
Preguntado por mis relaciones con la Iglesia le contesté que muy bien, cosa que le alegró sobremanera y que a continuación me explicó el por qué:
- Le hago esta pregunta, porque en este pueblo, Moceen Julio que es muy querido por todos, está acostumbrado a ser visitado a diario por los maestros y demás funcionarios, y si usted lo hace, seguro que caerá bien a todos en general. Sabio consejo dado en aquellos años cuando además los maestros teníamos la obligación de acompañar a los alumnos a misa, así como a otros actos religiosos, como podían ser los días de Vía crucis o el mes de María entre otros (tengo que confesar que no cumplí el consejo, pero les aseguró que mi relación con el cura no pudo ser mejor)
Siguiendo en el primer día de estancia también recuerdo otro chascarrillo que me ocurrió en el momento de la toma de posesión ante el Sr. Alcalde, como era preceptivo en aquel entonces,
Muy grande fue su alegría al ver que iba como propietario definitivo, porque le hacía suponer que mi estancia sería por mucho tiempo, cosa que yo también preveía de la misma manera, pero pronto su alegría desaparecería, ya que acto seguido de firmar la citada toma de posesión, le pedí que me diese el cese, cosa que le hizo entrar en cólera a la vez que echaba unos cuantos exabruptos que yo educadamente y silenciosamente no tuvo más remedio que escuchar, pues al Alcalde se le había esfumado la ilusión de tener un maestro con garantías de continuar por muchos años.
Él tenía con muy criterio la creencia de que la estabilidad de los maestros era una garantía de mayor entrega, dedicación a los niños y al pueblo en general en cualquiera de las actividades que redundasen en el progreso y bienestar de todos, como el tiempo se ha encargado de demostrar aquí en La Mata con otros compañeros.
Una vez relativamente calmado, intervine yo dándole las razones de un hecho tan extraño como ese, el llegar y decir adiós en un mismo momento, le dije que no me iba por capricho, sino porque me llamaba Franco, lo que le hizo cambiar de tono y de color. Me deseó lo mejor en periodo de mili y desde aquel momento y tras el regreso, mantuvimos siempre unas estupendas relaciones tanto en el ámbito personal como en lo que hacía respecto a la colaboración con la escuela en todo cuanto a él le concernía.
Estos recuerdos, y otros que ahora no referiré, han sido para mí ya suficiente tesoro que he guardado junto a mi familia con el calor que vosotros me enseñásteis a conservar. Pero de nuevo he sido injusto, pues no reparé en vuestra fuerza para querer a quien os quiere y no fui capaz de imaginar que aún me reservábais más afectos, más abrazos, más amor. Porque quiero que sepáis que para mí este momento es tan grande como la vida. La que he vivido junto a vosotros y la que me han dado Mª Jesús, mi esposa y compañera, y Mª Jesús y Antonio, nuestros hijos. Por cierto, que me voy a permitir el guiño de confesaros que mi hija fue querida y deseada bajo vuestro cielo, por lo que todavía diré que casi es tan vuestra como nuestra.
Mas seamos justos y hablemos de todos, que es el mejor homenaje que puede recibir un pueblo si lo reconocemos en sus gentes. Y vivo este momento, precisamente, en unos días profundamente limpios: los días de las Fiestas Mayores, plaza donde las alegrías nuevas y maduras, donde las luces de la celebración se reúnen en un abanico de voluntades. Son las Fiestas Mayores: que todos abran su corazón y lo completen con el abrazo de los otros. Os invito a iniciar un hermoso viaje. Nuestro viaje.
Provengo de Jorcas, lugar donde bebí el aire por primera vez y donde descansan mi historia y mis mayores. La vida fue sencilla en mis primeras palabras y cuando elegí ser maestro comencé a saber que el trabajo y el esfuerzo serían los apellidos que me acompañarían hasta hoy. Calanda sería el amor y La Mata de los Olmos, la puerta que se abrió. Y por ella misma regreso para contaros que mi dedicación como maestro me ha llevado toda mi vida a trabajar con una materia prima delicada y preciosa: los niños, sus familias, mis compañeros. Con ellos y por ellos he sido capaz durante todo este tiempo de abrir los ojos cada día y dar esos pasos adelante que conforman una vida. Y mi mirada refleja, en el espejo que es este pregón, el trabajo conjunto, el esfuerzo común. No soy hoy yo el homenajeado, sino el pregonero, el encargado de gritar a los montes que nos cobijan, por cercanos, y a los deseos que están por cumplirse, que esta comunidad está viva, que cuenta con nervio, con músculo y con alma, y que a sus entrañas llegan las voces de su gente, los susurros de los que creen, los lamentos de los dolientes, las risas de sus peñas, los aromas de los que luchan. Y hasta mí llega el afecto de este pueblo.
Un pueblo que ha vivido en las últimas décadas profundas transformaciones que le obligan a vivir su futuro con las manos abiertas dispuestas a aprehender el porvenir con fuerza y decisión. Pero mi deseo es poner estas palabras al servicio de lo que aún está por llegar, de la consecución de los proyectos que ahora soñamos todos y cada uno de nosotros, en sujetar con la certeza del éxito, los logros que han de llegar, pues para mí La Mata es recuerdo y pasado, pero también es un próspero sueño enraizado en la solidaridad, el compromiso y la participación, que es este un valor que distingue a las sociedades democráticas de las que duermen el sopor del conformismo.
Y aquí está la línea que señala la distancia que hay, que los humanos dibujamos, entre la perfección de vivir en comunidad y la pobreza de no saber debatir las ideas del paisano. A todos os animo a seguir en esta línea de actuación que tanto hace por La Mata.
Hoy os habla el pregonero de las Fiestas Mayores de La Mata. Si me dejase llevar por la vocación lo haría con un mapa de España desplegado y trataría de enseñaros la hermosa geografía de nuestros paisaje, pero cambiaré el registro y trataré de trasladaros el espíritu de participación y alegría que nuestro pueblo lleva siempre en sus fiestas y conmemoraciones.
Salimos a la calle y nos encontramos juntos, sentimos a nuestros amigos, convecinos y visitantes, nos unimos a ellos y vivimos la fiesta como una realidad colectiva y entusiasta, que va más allá de estos días, que se alarga durante todo el año.
Y quiero para dar fin a esta mi participación inicial, saludar y felicitar a todos. De forma general a vosotros alcorisanos jóvenes y menos jóvenes, por ser así, por hacer de nuestro pueblo una comunidad activa y feliz.
Y de forma particular a todos los que con su trabajo y dedicación hacen posible que las fiestas se lleven a buen fin. Al Ayuntamiento que pone su esfuerzo , una vez más, en los acontecimientos ciudadanos. Y a la Comisión que ha hecho posible este magnífico programa de Fiestas y su realización. Felicidades y gracias.

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