sábado, 15 de enero de 2022

Antonio, hace cuatro años fuiste alma

  

   De nuevo el sol. De nuevo la luz invernal que nos visita, fiel al día y el lugar que elegiste para decirnos adiós. Limpio la tristeza que se empeña en acompañarnos para recordarnos que hace ya cuatro años que nos falta tu voz, tu cariño, tu palabra, tu verdad que hiciste nuestra.

    ¿Sabes, Antonio, papá, yayo? En cada uno de los más de mil días que hemos vivido sin ti te he sentido más cerca. He recogido los pedazos de amor que sembraste entre nosotros y los he utilizado para aprender a comprender, para lograr que sea suficiente vivir para ocupar todas las orillas posibles.

    Es verdad que este mundo ya no gira como antes. Es cierto que, aunque el cielo parece el mismo, nada es igual, pero nada importa, porque tenemos el corazón tan abierto que no hay día que no estés con nosotros. Cualquier conversación, cualquier gesto, cualquier situación se convierte en motivo para estar juntos y así el viento frío se hace brisa cálida, y la tormenta inesperada se transforma en calma cómplice.

    Seguimos echando de menos la mirada de tus ojos color madera y el roce de la piel de tus manos agrietadas, pero lo que podría parecer razón para un atardecer gris es ahora  motivo para un amanecer miel.

   Espero a que llegue la tarde para acostarme al calor del recuerdo. Quiero escribir este poema que nunca se acaba bajo el resplandor de la misma luz que nos acompañó la última vez que nos hablamos, de regreso a casa. Lo recuerdas, ¿verdad? Los dos en el coche, abrazados a la alegría por tu bienestar, escribiendo con la sencillez de las olas un plan que habríamos cumplido de no mediar el destino, de no cruzarse el futuro indeseado.

   A pesar de haber navegado en mil mares, aunque en cada río el agua nunca es la misma agua sabemos que la esperanza de sabernos contigo permanece entera. Como cada 15 de enero el cauce de tu Júcar continúa bordeando las riberas de tu niñez y con esa razón nos dejamos acompañar por el amparo de tu amor.

   Cada año escribo esta carta, que siempre es la misma aunque sus palabras distingan mensajes aparentemente diferentes. Cuando la leas quédate con el calor de nuestro anhelo por el futuro, que será mediterráneo, como el de tu Jaime, que hace anchos los mismos caminos que tú recorriste. Sigue mostrándonos dónde están los horizontes que alcanzaste porque así será más nuestra la paz que ahora habitas.

    Sigue cuidando la vida que nos proporcionas y que el mundo sepa que hoy somos más felices que ayer porque este día sigue siendo un abrazo a la vida. Porque seguimos escuchando, Antonio, papá, yayo, tu voz rota cantando una copla enamorada. 

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