Me ha visitado la noche en la que bebí sus besos por primera vez
y me ha dicho que nos guarda la alegría
que bañó nuestra juventud.
Si cierro los ojos veré aquellos días
con la misma impaciencia con que esperábamos
que las mañanas señalasen los sueños
que no nos dejaban dormir,
que mantenían despiertas tantas ilusiones,
que apagaban tantos fuegos húmedos.
Si me presta sus labios volveré a sentir
cómo se estremece su pecho ante tanta vida por vivir,
como cuando su mano tímida
prometía amor y, distante y próxima,
aceptaba la seducción de un cuerpo ventoso.
Cada viaje que emprendía era un poema sin retorno
y en los senderos recorridos
imaginé amores salvajes,
los mismos que aún persigo
cada vez que vuelvo a ser niño.
Me han visitado tus palabras
y he comprobado que me llevan a Promiseland.
Allí te espero.

No hay comentarios:
Publicar un comentario